jueves, 26 de febrero de 2015

El silencio de la esperanza.

Silencio. El joven hacía rodar la silla en la que iba rodeado de un completo y absoluto silencio. Aquel sitio lo ponía de los nervios. Un sitio tan grande y tan vacío. Los que iban allí solo tenían dos razones, morir o visitar a alguien que estaba a punto de hacerlo.

Llegó a una sala, con grandes ventanales, donde se podía ver toda la ciudad. Más bien lo que quedaba de ella. Era de noche pero la luna tampoco se dignó a aparecer esa vez. El joven pensó que no veía la luna desde hacía uno o dos años. No entendía bien la causa pero al parecer la culpa era por la rotación de la tierra.
—Todo es culpa de la jodida rotación.
—Esa boca chico, un joven no debería decir palabras tan feas.
El joven, sobresaltado, miró detrás de él. En uno de los asientos de la sala había un señor observándolo mientras fumaba.
—Un viejo como tú no debería fumar—le reprochó el joven. —Además está prohibido— señaló un cartel justo al lado del viejo.
—No creo que nadie venga a decirme nada a estas alturas.
— ¿Estás aquí para morir?
—No vine por esa razón pero no me importaría que lo fuera, ya he vivido lo mío—contestó el señor apagando su cigarro. — Esperaba ver el amanecer, la esperanza de un nuevo día, pero parece que esta noche eterna no quiere acabar.
—Tiene gracia yo esperaba llegar y ver que el mundo por fin se había terminado—expresó el joven con una seca sonrisa.
El señor lo miró sorprendido.
—Palabras muy duras para alguien tan joven ¿Qué tendrás? ¿Once años?
—Trece y ya son más de los que el mundo pensaba que iba a poder disfrutar antes de que todo terminara.
—Trece años... y hablas como si hubieses vivido diez más que yo—admitió el hombre con tristeza.—Desde luego el mundo se ha echado a perder si un joven como tú ha perdido tan pronto la esperanza.
—No es que la perdiera, es que nunca la he tenido—replicó el joven mientras se levantaba de la silla de ruedas.
El hombre lo miró con evidente sorpresa.
—No, no soy paralítico—le dijo al ver su cara de asombro.
—Dime ¿Por qué estás aquí?
—Mi padre ha muerto y no quería estar allí ahora—dijo el joven sin ninguna emoción.
—Lo siento.
—No lo sientas, pronto lo estaremos todos.
El hombre lo miró un momento y de repente comenzó a reírse a carcajadas.
— ¿He dicho algo gracioso?—preguntó el joven sorprendido por esa reacción.
—No muchacho, es que ahora le veo la gracia. Yo un viejo, que no le queda nada en la vida, vine aquí esperando encontrar algo de esperanza y tú, un joven con toda la vida por delante, viniste aquí sin ninguna esperanza, cuando lo normal sería al revés.
—Lo normal...Nada es normal. Las noches duran días y los días semanas. Las ciudades caen. La electrónica dejó de funcionar. Los árboles y los alimentos se pudren, los animales y los humanos morimos. El mundo se está parando y nuestras vidas con él.
El hombre se levantó y le dijo al joven.
—Ojalá pudiera regalarte esperanza, muchacho.
El hombre se fue. El cielo comenzó a clarear. Pasaron horas y el joven observó, por fin, como el sol asomaba, muy lento, por el horizonte. Suspiró.
—No hay esperanza cuando el mundo se acaba—se dijo dándole la espalda al nuevo día.

Y el joven se fue de allí y volvió al silencio. El silencio de un mundo muerto.

domingo, 22 de febrero de 2015

Un soñador optimista desilusionado.

Hacia tiempo que no escribía nada que mereciera la pena publicar por aquí. Siempre intento escribir algo todos los días pero hay muchas cosas que no pasan mi propio filtro de valoración como para ponerlas en el blog. Hoy me da igual.

Hace unas tres semanas estaba teniendo una de las mejores semanas que tenía en mucho tiempo, hoy estoy teniendo una de las peores. Tenia todo el orden que mi vida podía necesitar, aunque suene muy ambicioso lo que digo os aseguro que me conformo con poco. Ahora solo tengo caos. Y, aun así, creo que era lo que necesitaba porque era tanta la presión de ese orden que estaba pudiendo conmigo. Supongo que todo depende del punto de vista, soy un optimista, siempre me gusta ver el vaso medio lleno en vez de medio vacío. Y por eso supongo también que siempre es triste cuando una aventura termina porque cuando ves las cosas con optimismo y con ilusión no piensas mucho en que también pueden salir mal. Entonces llega la desilusión...

La desilusión no es tan mala como parece, es más creo que la tenia infravalorada. Los optimistas necesitamos la desilusión, nos recuerda que aunque soñemos siempre acabara sonando el despertador. Nos devuelve a la realidad, que es tan necesaria como soñar. A parte de optimista soy un soñador compulsivo. Un soñador optimista desilusionado, si es que eso existe, es lo que mejor me define ahora mismo. No os preocupéis por la ilusión, la ilusión va y viene, pero nunca dejéis de soñar aunque solo sea unos minutos al día, aunque sepáis que el despertador os devolverá a la realidad.


                                            ¡NUNCA DEJÉIS DE SOÑAR!
               Soñar dormidos, despiertos, juntos o solos. Soñar con todo o con nada pero soñar.

Siempre es duro dejar atrás a alguien pero eso no es excusa. Hoy no, hoy toca dormir y pasar página, pero mañana toca cambiar el rumbo y buscar otra aventura. Empezar nuevos proyectos, conocer a una persona nueva que ocupe el sitio que tu corazón lleva tanto tiempo deseando llenar. Toca rodearse de las personas que te quieren incondicionalmente y empaparte de todo lo que te puedan aportar. Risas, consejos, cariño e incluso lágrimas si son necesarias.

Dar lo mejor de ti y encontrar a esa persona especial, una persona por la que realmente pierdas la cabeza. Una por la que sabes que si no vais a estar más juntos no sea sólo desilusión lo que sientas. Como he dicho la ilusión viene y va pero eso no llega. No, eso es lo corriente y los soñadores no queremos cosas corrientes. Queremos a la persona que nos transforme por completo, que nos enseñe otro mundo completamente diferente y que sólo pensar que podamos perder eso no sea desilusión lo que sintamos, si no una autentica y profunda sensación de vacío y desesperación. Puede sonar horrible, pero busco enamorarme y el amor es algo tan completo que perderlo tiene que ser algo parecido a eso.

Así que, quien quiera que seas y donde quiera que estés, solo puedo decirte que mañana salgo a buscarte de nuevo. Y si tú también estas buscándome, no te rindas porque se que algún día te encontraré. Te prometo que nunca dejaré de buscarte, incluso una vez que te encuentre seguiré buscándote, siempre. Y esta será la promesa que haré hoy, a ti y a mí, antes de dormir.